Capítulo 25: Win-Win



La sensación de absurdez continúa desde que lo dejé con Mamen. Me costó tiempo ser consciente de que lo habíamos dejado. Casi tanto como el que me llevó certificar que éramos novias. Y aun no las tengo todas conmigo respecto a cuál era nuestro estatus.
Al principio, me mensajeaba constantemente, pero ya ha dejado de hacerlo. Me pedía disculpas y me decía que no habíamos tenido timing o no sé qué mierdas.
Me duele pensar en ella porque me encantaría odiarla y no puedo.
También me duele pensar en cómo acabó todo. Sin un adiós en condiciones. Quizá aquel beso de pinceladas suaves y largas fuera el adiós que ella me estaba dando consciente de que ya no nos volveríamos a ver. Seguro que era así. Mamen no da puntada sin hilo.
Siento un hueco enorme casi todo el tiempo porque casi todo el tiempo mi mente estaba ocupada con Mamen.
Trato de buscar espacios en los que no estuviera y los encuentro en clase y en algunos ratos con Raúl, que evita mencionar a Sergio para no desatar mi nostalgia.
-¿En qué fase te encuentras? -me pregunta.
-En la de hueco helador.
-¿Cuál es esa?
-De entrada, estoy bien, pero de vez en cuando me vienen ráfagas de frío que me entristecen. Como cuando te compras una cazadora muy bonita y calentita pero que cuando te agachas te deja los riñones al aire.
Me aprieta la mano y me mira con una fingida tristeza, casi teatral.
-Pues no te agaches y, la próxima vez, te compras un abrigo en condiciones.

Me centro en la carrera y en continuar mi vida dentro de la anodina media de una postadolescente (¿hasta qué edad se puede decir esto?) lesbiana: mala relación con mamá, check; bollodrama con chica más experta que yo, check; interés hacia estudios feministas, check; sensación de que todo el mundo te mira, check.
No, en serio. Deja de mirarme. Sí, te digo a ti, popular y siempre atractiva Vero.
Estoy en la biblioteca estudiando y la he cazado un par de veces mirándome a través de la estantería.
A la tercera, levanto la barbilla y hago un esfuerzo por que ella lea en mis labios un despectivo “¿Qué miras?”. Por dentro, me estoy cagando de miedo. Ella lo huele y levanta una ceja.
Despacio, contoneando las escasa caderas que tiene, se acerca a mi sitio y se sienta a mi vera.
-Nico, ¿verdad?
Digo que sí con la cabeza porque si trato de hablar mi tartamudeo me delataría.
-Me gustó tu ejercicio sobre Susan Sontag.
-Gracias -digo en voz muy baja.
-Me da rabia porque más de la mitad de esta facultad no saben que esa tía fue la puta ama.
-Ajá... -acierto a decir.
Vero se queda callada y me doy cuenta de que no ha venido sólo para felicitarme por un ejercicio de clase, pero tampoco me atrevo a preguntarle qué quiere.
Por fin, toma aire para lanzarme una pregunta que seguramente llevaba mucho tiempo haciéndose.
-Esa chica que preguntó por ti aquella vez... ¿es tu novia?
¡Ouch!
Bajo la mirada. ¿Qué hago? ¿Qué digo? Cuando creía que la facultad estaba completamente esterilizada del virus Mamen, me viene Vero con estas.
Entonces, comienzo a recordar nuestra última conversación. En la calle, sin mi cazadora, tenía frío pero no lo notaba porque estaba roja de ira y rabia.
Algo debe notarme Vero porque me pregunta qué me pasa.
Sin responderle, recojo mis cosas y salgo de la biblioteca.
Pero Vero va tras de mi llamándome a pesar de los siseos de la bibliotecaria pidiendo silencio.
Por fin me alcanza y me agarra del brazo obligándome a girar sobre mi misma. Me seco las mejillas con el dorso de la mano antes de mirar a Vero.
-Perdona si te he molestado. No era mi intención.
-No, es culpa mía. Soy una llorona.
-Vamos fuera y nos sentamos en el césped. Así te da un poco el aire.
Le hago caso no sé muy bien por qué. Quizá porque al estar con ella, no soy yo la que recibe las miradas.
-Estoy bien, de verdad. Es sólo que... -digo cuando nos sentamos en el césped.
-No tienes que contarme nada. Todos tenemos nuestra mierda que nos hace llorar.
Río porque me sorprende el modo de hablar de Vero.
-Además, me lo imagino. No será muy diferente a cualquier otra relación. Chica conoce a chica, se gustan, se enamoran, empiezan una relación y se juran amor eterno. Un día, una de ellas por la razón equis deja de sentir lo mismo y bla, bla, bla. Lo de siempre.
-Más o menos, sí.
Me dedico a arrancar el césped que está junto a mis pies mientras Vero echa la cabeza hacia atrás para que le de el sol. Le miro de reojo. Miro cómo el sol brilla en el vello clarito de su escote y refleja en una medalla que tiene colgada al cuello.
-El amor es una mierda -dice incorporándose.
Yo giro rápido la cabeza para que no me pille mirándole las tetas, pero creo que ha sido inútil porque se le escapa una risita.
-¿Sabes...? -digo para romper la tensión -Tenía pensado otro ejercicio en lugar del de Susan Sontag. Iba a escribir sobre las expectativas que generan las películas de Hollywood sobre nuestras relaciones y la consiguiente frustración y que no sólo se da con nuestras relaciones románticas sino que se extiende a nuestras expectativas de vida: dinero, trabajo, y todo eso.
-¿Y por qué no lo hiciste?
-Porque el profesor es gilipollas y me hubiera dicho que es un tema muy trillado o que era un artículo muy simplón o cualquier chorrada. Así que escribí sobre Sontag porque al menos así me aseguraba ser original.
Vero asiente con cierta chulería y de nuevo nos quedamos calladas.
-Nico.
-¿Qué?
-¿Podrías ayudarme en una cosita?
Ya sabía yo que esta no se me arrimaba de manera desinteresada.
-Depende. No te prometo nada.
-Tú conoces mi fama, ¿verdad?
Trago saliva.
-No lo voy a negar ni me voy a disculpar. Me gusta el sexo. Sin compromiso. Tenemos un cuerpo bonito, somos jóvenes, ¿por qué no íbamos a disfrutarlo?
Un momento, ¿por qué me incluye?
-Conozco a un chico guapo, fuerte, alto, nos gustamos y... ¿para qué más? ¿Para qué complicarse? Como tú has dicho, luego llegan las frustraciones, ¿verdad?
Estoy temblando porque ha elegido un tema para su monólogo en el que no me siento nada cómoda.
-Úsame, Nico. Úsame para olvidar a tu ex.
-¿Qué? -digo con los ojos fuera de las órbitas.
La indignación ha ejercido un efecto muelle sobre mi cuerpo y me he levantado del césped de un salto. Desde arriba tengo mejor perspectiva de las tetas de Vero. Dios mío, ¿por qué me haces esto?
-Escúchame antes de decir un no rotundo.
Me quedo parada ante el cuerpo tumbado en el césped de Vero.
-Tienes que probar otra piel para superar lo de tu ex. Te lo digo por experiencia. Es como el polvo del olvido.
-¿Y tiene que ser la tuya?
-¿Es que no te gusta? -dice Vero extendiendo los brazos. Con el movimiento, sus pechos se han movido como globos de agua. Dios, deja de joderme así. Doy un par de vueltas sobre mi misma tratando de ubicarme en aquel espacio/tiempo que parece haberse puesto del revés.
-Pero tú eres heterosexual.
-Sí, bueno. Nunca lo he hecho con una tía y tengo curiosidad -me dice con toda la tranquilidad del mundo. -Es un win-win. Ganamos las dos.
Se me desencaja la mandíbula al comprobar que Vero tiene excusa para todo y ningún reparo.
-No. Rotundamente no -contesto.
Vero se pone de pie y exhibe su cuerpo. Comienza a protestar, a decir que si voy a desaprovechar ese cuerpo serrano, pero apenas la oigo porque he visto a alguien detrás de un arbusto que nos estaba mirando y que se ha escondido rápidamente cuando Vero se ha levantado.
Voy hacia el arbusto ante la mirada atónita de Vero que no comprende que le deje plantada.
Me muevo de un lado a otro para localizar a la persona. Vero debe flipar cuando me ve darle patadas al seto.
-¡Sal de ahí!
-¿Quién es? -pregunta Vero que se acerca al arbusto justo cuando la persona sale huyendo de ahí a toda velocidad.
-No tengo ni idea de cómo se llama. Raúl y yo le llamamos la bulldog y es una espía de Mamen.
-¿Una espía? Joder, con las bolleras.
-No me puedo creer que me siga espiando. Ha perdido todo el derecho.
-Llámame loca, pero nunca se tiene derecho a espiar a nadie.
Saco el móvil y me dispongo a enviarle un mensaje a Mamen.
-Se va a enterar -digo.
Pero Vero está más rápida que yo y me coge el móvil.
-Nico, ¿seguro que no se te ocurre otra idea mejor para vengarte de Mamen que escribirle un mensaje lleno de emoticonos enfurecidos?
Me cabreo y le grito que me devuelva el móvil.
-¡Tú no lo entiendes! Era una relación bonita, era mi primera relación. No puedo olvidarla con un polvo.
Rompo a llorar y Vero me abraza. Acomodo mi cara en sus pechos y me siento casi al instante como en casa.
De repente, no me parece tan mala idea echar un polvo para olvidar a Mamen. Si algo puedo aprender de Vero es la maldita regla que no seguí desde un principio: prohibido enamorarse.


Comentarios

  1. mierda, yo también quiero llorar ahí...
    bueno, supongo que... quien sabe. Eso de un polvo para olvidar a otro es solo una excusa porque no ayuda en nada... quizás en el momento olvide pero después vendrá la estúpida conciencia y todo ese drama y será peor. Puaj, el amor es una mierda, pero una mierda sin la que no se puede vivir.

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    1. Noooo, el amor no es una mierda. Es bonito si es con la persona adecuada :)
      Hasta que la encontremos, lloremos todas sobre los pechos de Vero.

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  2. No sé yo hasta qué punto es buena idea. No lo del sexo sin complicaciones -que no sé si servirá para olvidar, pero tampoco está mal xD-, sino lo de ejercer de conejillo de indias para que otra pruebe si le mola o no le mola acostarse con una tía. Meh.

    (Me he dado cuenta que cuando comento hablo como si Nico fuese real y tú fueses a leerle los comentarios XD)

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    Respuestas
    1. Jajaja, yo le transmito todo lo que comentáis ;)

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    2. Volví (?)
      Well... pues, pobre dude :/ Me da un poco de pena, pero es que hasta se lo advirtieron. Ella ni conocía a Mamen, solo se flechó y ya; primer amor, primera experiencia y bueh... se flechó.

      Yo apruebo lo del polvo para olvidar. No te la va a arrancar de la cabeza para siempe, pero la va a ayudar a distraerse un rato y si así disfruta, pues mejor.

      Ya me voy al otro cap c:, me piro vampiro~

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