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Capítulo 37: Devoción

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Camino en una nube hasta llegar a casa. Ni la mochila me pesa. De vez en cuando, recuerdo a Carla y sonrío. Mis padres trabajan así que no hay nadie en casa a estas horas. Me despojo de la mochila y de la ropa y me meto directa a la ducha. Una idea cruza mi cabeza como un rayo: ¿Y si no me llama? -Nico, no empecemos. Trato de poner la mente en blanco. Me concentro en el agua que cae tibia sobre mi cuerpo y hace carreras por mi piel. Una de esas carreras se escurre por el interior de mis muslos y acaricia mis labios. Intento recordar cuándo fue la última vez que alguien me tocó con esa suavidad. Me apoyo en la pared y pienso en Carla. La pienso con tanta intensidad que casi la noto junto a mi, con sus pechos pegados a mi espalda, acariciándome, recorriendo mi cuerpo con sus dedos. Mantengo los ojos cerrados tratando de retener esta sensación, pero el tono de llamada de mi teléfono me saca a patadas de mi ensoñación. -Joder. Está en el lavabo, así que saco medio cuerpo...

Capítulo 36: De vuelta y vuelta

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Mi tía está gimoteando bajo el umbral de la que ha sido mi habitación durante estos días. Mi tío le abraza por detrás intentando calmarla. Los dos me observan mientras hago la mochila. Es muy, muy temprano. Casi de madrugada. El único autobús que sale por la mañana hacia Madrid lo hace para llegar a la capital en la hora punta. -Vamos, tía, deja de llorar. Vas a conseguir que llore yo también. -Es que has tardado 15 años en volver al pueblo y ahora te vas… -dice entre lágrimas. Me acerco a ella y le acaricio los brazos. -Volveré. Tengo que venir a por la moto. -¡Ja! -salta mi tío. -Con el carné en regla. Si no, se queda aquí. Le gruño divertida y vuelvo a la cama para cerrar la mochila. -Vamos. Mañana empiezo las prácticas y no quiero perder el bus. Me llevan a la parada. Allí la despedida se alarga hasta que nos llama la atención el chófer del autobús. -Muchas gracias por todo. Sois los mejores tíos que tengo. -¿Mejor que los de Barcelona? -pregunta mi tía. ...

Capítulo 33: Escarpes

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Mis tíos del pueblo son… peculiares. Se suponía que tenían que venirme a buscar a la parada del autobús pero aquí no hay nadie y en el teléfono no contestan. -Los mato. Menos mal que me he cogido la mochila en lugar de la maleta porque me toca patear un par de kilómetros hasta llegar a su casa, los que separan la carretera del pueblo. Por el camino veo monte, naturaleza, oigo el río y los pajarillos y esas cosas que se supone que me tienen que desestresar pero que a la una de la tarde en pleno mes de junio como que no apetece. Antes de llegar al pueblo, el camino se estrecha y el monte se me echa encima. Sé que este pueblo está asentado en una falla y que este camino desaparecerá algún día bajo el desprendimiento del monte por el temblor de la tierra. Pero también sé que los lugareños quitarán las piedras y volverán a abrir el camino porque lo han hecho otras veces en el pasado. Eso si para entonces quedan personas viviendo aquí. Me recorre un escalofrío mientras camin...

Capítulo 26: El polvo del olvido

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Me da miedo olvidar a Mamen, pero más miedo me da engancharme a ella, a nuestro pasado, y no poder seguir adelante. Todo radica en que me cuesta pensar fríamente nuestra relación y tomar distancia. Todavía tengo pegado su olor a mi piel. Nunca pensé que mi cabeza fuera la que me obligara a tener sexo con otra persona aun cuando a mi cuerpo no le apetece. Pero Vero me lo pone muy fácil. Estoy bajo el umbral de su piso compartido. Lleva una blusa blanca pero no sujetador, por lo que se le transparentan los pezones. Trago saliva y le propongo salir a tomar algo antes, en plan cita, porque a mi no me gusta el sexo sin más. Se niega. -Esto es sexo sin más. Quiero que te quede claro antes de que te lances a hacer nada. -Ya, pero yo nunca he hecho el amor con alguien que no me atraiga como persona. Vero me mira de arriba a abajo con una ceja levantada. -Vamos a ver, además de Mamen, ¿te has acostado con alguien más? Me pongo roja de inmediato, desvío la mirada y miro al t...

Capítulo 25: Win-Win

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La sensación de absurdez continúa desde que lo dejé con Mamen. Me costó tiempo ser consciente de que lo habíamos dejado. Casi tanto como el que me llevó certificar que éramos novias. Y aun no las tengo todas conmigo respecto a cuál era nuestro estatus. Al principio, me mensajeaba constantemente, pero ya ha dejado de hacerlo. Me pedía disculpas y me decía que no habíamos tenido timing o no sé qué mierdas. Me duele pensar en ella porque me encantaría odiarla y no puedo. También me duele pensar en cómo acabó todo. Sin un adiós en condiciones. Quizá aquel beso de pinceladas suaves y largas fuera el adiós que ella me estaba dando consciente de que ya no nos volveríamos a ver. Seguro que era así. Mamen no da puntada sin hilo. Siento un hueco enorme casi todo el tiempo porque casi todo el tiempo mi mente estaba ocupada con Mamen. Trato de buscar espacios en los que no estuviera y los encuentro en clase y en algunos ratos con Raúl, que evita mencionar a Sergio para no desatar mi...

Capítulo 22: El vértigo

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Estoy tan cansada después de recorrer todos los puntos rojos del mapa de Mamen que no me apetece otra cosa que no sea dormir. Caigo agotada en el colchón y oigo el agua de la ducha correr. -Tenemos una cosita pendiente, Nico -me dice Mamen. Sí, para follar estoy ahora. Tengo ampollas en los pies y me palpitan los muslos. Me reincorporo para hablarle a la cara y ser lo más dulce posible. Con el movimiento me baja la tensión y me mareo un poco. Debo haber palidecido porque Mamen parece preocupada. -¿Estás bien? -La verdad es que no tengo ganas de nada. Sólo quiero acostarme. -Vale, cielo. Ella se va a la ducha y yo me meto en la cama. Tardo dos segundos en quedarme dormida.   Por la mañana, la luz grisácea de Londres me molesta en los párpados. Parece temprano pero oigo a Mamen que habla con alguien por teléfono. -Yeah, she goes back to Spain today. In the afternoon -me parece que dice. -I've got to leave you. Call you later. Bye. La noto sentada a los pies ...