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Capítulo 11: Comienza el partido

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Llevo toda la semana mensajeándome con Mamen. Por el día los mensajes aparecen como por goteo, en sus escasos ratos libres que le deja el curro. Por las noches, la cosa cambia. El tono es más íntimo, más tierno y dulce y hace que me vaya a la cama con una sonrisa en los labios. El jueves la sonrisa es más grande porque quiere quedar conmigo el fin de semana. -Oye, un par de amigas juegan al fútbol el sábado por la tarde. ¿Te apetece venir a verlas? Luego nos iremos a tomar unas cañas. Desde luego, ir a ver un partido de fútbol no es mi ideal de cita pero estaré con Mamen que es lo más importante. -Sí, vale.

Capítulo 10: Agradecida y emocionada

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Estoy en mi cama, recién duchada y con el pelo seco ya. Me siento limpia y estoy agotada al tiempo que me invade una nueva sensación de reconciliación conmigo misma. Asoma una pequeña duda cuando me viene a la mente la cara de mi madre cuando llegué. Sacudo la cabeza y me hago una bolita en la cama. Recuerdo los besos y caricias de Mamen y me invade una sensación cálida que nunca antes había experimentado. Prohibido enamorarse, Nico. No seas tan niñata de enamorarte por un polvo, por una primera vez, por una primera chica. Pero, uf, qué chica, qué polvo y qué primera vez. Mientras me relamo en el recuerdo de los detalles de mi noche con Mamen pienso que si no morí de placer, tampoco lo haré por mandar un mensaje.

Capítulo 8: Bienvenida

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Llego a casa con el estómago vacío y la cabeza llena. Las escenas de esta noche me dan vueltas como una lavadora centrifugando. Pienso en cómo he llegado hasta aquí. Recuerdo a la chica del metro. ¡Cómo olvidarla! Abrió una puerta que no puedo cerrar por más que intente. Por ella acepté la propuesta de Raúl y fue a ella a quien vi en el bar, aunque luego resultara no ser la misma persona. Pero no es de ella de quien se trata, sino de «ella», de que es un ella y no un él. Y, ¿por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mi? Al cruzar el umbral de mi puerta veo ante mi a mi padre como una aparición: bosteza, luce una panza importante, tiene sus cuatro pelos despeinados y va en calzoncillos slips. -¿Ahora vienes? Te lo habrás pasado bien, ¿no? Hay algo en su tono que me hace pensar que sabe qué he hecho. Le gruño y voy al baño a lavarme la cara. Tengo un aspecto horrible: la trenza se me ha deshecho, tengo un poco de vómito en el jersey y me noto algo ojerosa. Dejo que el agua cor...

Capítulo 7: Punzadas en el estómago

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Psicosomatizo demasiado. Estoy cagada de miedo tras el beso. Literalmente. Y necesito ir al baño. -¿Estás bien, Nico? -me pregunta Mamen. Niego con la cabeza. -No, no me encuentro bien. Me duele el estómago. -Salgamos afuera. Sé que necesito aire fresco así que le hago caso. Veo a la mujer de la puerta que me sonríe con complicidad. No estoy para sororizar ahora mismo y lo ha debido notar. -No me vomites en la puerta, ¡eh! -me dice. Mamen me sujeta el cuerpo. Me duele tanto el estómago que camino doblada.

Capítulo 6: El bar Coyote (segunda parte)

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-Raúl, me meo. Acompáñame al baño -le pido a mi amigo. Raúl está bailando como un descosido a ritmo de Mónica Naranjo mientras a mi me duele la vejiga. -¿También quieres que te baje las bragas para que hagas pipí? Le miro con odio. -Tienes que empezar a dar pasos tú sola. Empieza por los que van de aquí al baño. -Pero... ¿y si me habla alguna chica? -¡Pues le hablas tú también! No tengas miedo, no te van a violar. Cojo aire hasta que llena mis carrillos y lo expulso con violencia. Qué manta de hostias le metería a Raúl alguna vez.

Capítulo 5: El bar Coyote (primera parte)

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Nunca me ha gustado arreglarme. Bueno, mejor dicho, nunca me ha gustado arreglarme para algo. Arreglarme para una boda. Pánico. Arreglarme para salir a un sitio pijo. Terror. Arreglarme para Nochevieja. Infarto de miocardio. Me gusta arreglarme, pero necesito pensar que es para alguien, no por algo.  Por eso, ahora estoy frente a mi armario abierto de par en par sin saber qué ponerme para salir a un bar de lesbianas (me muerdo el labio cada vez que lo digo, como intentando devolver esa palabra a la más profundo de mis entrañas). ¿Qué me pongo? ¿Cómo se supone que viste una lesbiana? Descubro que no tengo ninguna camisa a cuadros en mi raquítico ropero y me siento estúpida por caer en el tópico más básico.  Oigo que suena el portero automático. Debe ser Raúl. Sube por las escaleras y mi madre le abre la puerta de casa. Dos besos, halagos mutuos. A mi madre le cae muy bien Raúl.  -¿Estás yendo al gimnasio? Te veo como más fuerte, ¿no? -le pregunta mi madre....

Capítulo 4: La palabra L

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No la he vuelto a ver. Aquel día llegué con una sensación agridulce a la facultad. Por aquel arranque de valentía y lucha a contracorriente que me asaltó acabé llegando tarde a clase. Localicé a Raúl y me senté detrás de él porque era el único asiento libre que quedaba cerca de mi amigo. Mientras avanzaba por el pasillo de clase me miraba y movía la cabeza asintiendo para preguntarme qué tal había ido la cosa. Yo negué con la cabeza y me senté a su espalda. Cuando se acabó la clase se giró rápidamente y me preguntó. -¿Qué ha pasado?

Capítulo 3: El parto

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Una vez la chica del metro se sentó junto a mi. Casi se me salió el corazón del pecho. Incluso ahora mientras lo recuerdo estoy empezando a tener palpitaciones.  Yo había encontrado un asiento libre en nuestra zona del vagón y me lancé a él. Había salido a correr el día de antes después de mucho tiempo sin hacerlo y no podía con mi vida ni con mis muslos. Estaba tan cansada que me daba igual si la chica del metro subía o no.

Capítulo 2: La chica del metro

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Lo que no recuerdo muy bien es cuándo me fijé en esa chica. Simplemente, un día la vi. Bueno, ya la había visto varias veces antes, como parte de ese elenco de extras que me acompañan todas las mañanas en el metro y que me dan cierta sensación de seguridad y hasta familiaridad. Pero un día, no sé cuál, la miré.

Prólogo

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   Hola, me llamo N ico y soy una chica. Odiaré a mis padres siempre por haberme puesto el nombre de mi abuela, pero falleció el mismo día que yo nací y ellos, rotos de dolor y de felicidad, tomaron esa decisión. Nicolasa. Nico, por favor.