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Mostrando las entradas etiquetadas como chica conoce a chica

10 cosas que quizá no sabías de Nico y Carla

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Inspirada por este post de Miriam B. Vigo  (autora de "Marafariña" y "Todas las horas mueren"), me lanzo a contaros 10 cosas que quizá no sabíais de Los libros de Nico y Carla . Allá van: El bar de chicas al que va Nico por primera vez está inspirado en el antiguo Medea de Madrid, actual Club 33 (Una amiga hetero con la que fui se jugó 20 pavos a que me entraba alguna chica. Gané la apuesta. Le entraron a ella). Al contrario que Nico, no he conducido una moto en mi vida. La frase que le dijo a Vero su abuela (“Que la vida no te de todo lo que puedas soportar”) la solía decir mi abuela.  Todos los libros de Nico y Carla tendrán la misma portada. Sólo cambiaré el color de fondo, el título y el estampado de las bragas. La fuente es Roboto. Mi padre, como el de Carla, también fuma a escondidas. Nunca he estado en Londres. Como Nico no iba a salir de la habitación de Mamen en la capital británica, pensé que no tenía importancia escribir de algo sin haberlo v...

Lucía

Llevaban toda la noche haciendo miraditas. Una estaba junto a la barra. Era rubia de melena larga. La otra, una morena de pelo corto, estaba unos pasos más lejos y las dos ignoraban a sus amigas para centrarse en la conquista de la otra. -¿Queréis algo, chicas? Voy a la barra -preguntó la morena a sus amigas. Ellas la miraron raro, como si fuera la primera vez que escuchaban esa frase salir de su boca. Negaron con la cabeza y la chica se dirigió hacia la barra.

Capítulo 35: Acuse de recibo

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Es extraña esta sensación, Mi pulgar está planeando sobre el icono del email, temblando. Si deslizo a la derecha, elimino el mensaje. Si pulso, lo abro. Dos “y si…” que me están matando. Mi mundo se bifurca en dos realidades posibles. ¿Podría vivir sin saber lo que dice Mamen? Y si lo abro, se abren a la vez más realidades dependiendo de lo que me haya escrito. -Venga, sé valiente por una vez en tu vida. Pulso el icono y abro el email. Mamen saluda con muchas exclamaciones. Raro. Nunca fue muy efusiva. Sabe que estoy en el pueblo. De cura de desintoxicación por el tema de la chica del metro. Puto Raúl y su campaña de exorcización. Pero no es eso de lo que quiere hablarme, sino de otra cosa: de que se ha vuelto a enamorar. “Bueno, enamorar no es la palabra, pero es un paso previo. Estoy pillada, vaya. Ya sé que no hace ni medio mes que me diste puerta, pero estoy muy ilusionada con Alexia. Así se llama. Quiero hacer las cosas bien con ella. Eso lo aprendí de ti. Quiero se...

Capítulo 34: Diarios y delirios

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Tratar de mensajearse con el móvil en este pueblo perdido de la mano de Dios es un acto de fe. Se corta la señal, los mensajes no salen o no acaban de llegar. Me pongo de los nervios así que he aprendido a perder esa comunicación inmediata. Vuelvo a mis años de la ouija y mando mensajes por la mañana a Raúl o a mis padres y dejo el móvil en casa hasta que llego a casa antes de que anochece. Entonces leo todo lo que me han ido poniendo a lo largo del día. Mis padres suelen ser escuetos, pero Raúl me escribe cada acontecimiento que le va pasando en forma de breves mensajes que conforman una especie de diario personal. Voy cogiendo soltura con la moto. No salgo mucho a la carretera porque con la suerte que tengo, me pillará la Guardia Civil y voy sin papeles. Hay un momento que me gusta especialmente cuando voy con la moto. Es una chorrada pero me parece mágico. Los tractores van y vuelven del campo recogiendo fardos de alfalfa para el ganado y por el camino dejan rastros de paji...

Capítulo 33: Escarpes

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Mis tíos del pueblo son… peculiares. Se suponía que tenían que venirme a buscar a la parada del autobús pero aquí no hay nadie y en el teléfono no contestan. -Los mato. Menos mal que me he cogido la mochila en lugar de la maleta porque me toca patear un par de kilómetros hasta llegar a su casa, los que separan la carretera del pueblo. Por el camino veo monte, naturaleza, oigo el río y los pajarillos y esas cosas que se supone que me tienen que desestresar pero que a la una de la tarde en pleno mes de junio como que no apetece. Antes de llegar al pueblo, el camino se estrecha y el monte se me echa encima. Sé que este pueblo está asentado en una falla y que este camino desaparecerá algún día bajo el desprendimiento del monte por el temblor de la tierra. Pero también sé que los lugareños quitarán las piedras y volverán a abrir el camino porque lo han hecho otras veces en el pasado. Eso si para entonces quedan personas viviendo aquí. Me recorre un escalofrío mientras camin...

Capítulo 32: La conversación

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Raúl y Sergio me acompañan a casa. Me apetecía volver sola para despejarme un poco o llorar a moco tendido, pero ellos han insistido. Caminan un par de pasos por detrás de mí, como si fueran mis guardaespaldas. Poco antes de llegar a mi casa, Raúl se pone a mi altura. -Quizá esta pregunta te parece un poco rara pero como soy tu amigo y te quiero te la voy a hacer. Raúl me pide permiso para lanzarla. -Adelante -le concedo con preocupación. -Nico, ¿estás segura de que la chica del metro existe? Me quedo mirando a mi amigo atónita ante la pregunta. -¿Perdona? -Ya sé que suena raro, pero, en fin, yo no la he visto. Nadie la ha visto salvo tú. Y además no paras de darle vueltas y te lleva un poco de cabeza. Sólo me preocupa que no estés persiguiendo un fantasma o una quimera o que tengas algún complejo psicológico de algo… Sergio mantiene la distancia de manera disimulada porque ve que me estoy poniendo roja y teme que le salpique la sangre cuando explote. -¿Crees que...

Capítulo 31: Rebobine, por favor

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Mi padre tiene un vídeo VHS. Le tiene un aprecio tremendo porque le costó una pasta y porque tiene mando a distancia. También tiene una gran colección de cintas VHS que no ve por miedo a estropearlas. Hace no mucho me enseñó cómo funcionaba. Metió la cinta de “La princesa prometida” y le dio al play. La calidad de la imagen era pésima pero le daba una curiosa textura que encajaba muy bien con aquella película. La vimos sin pestañear. Cuando acabó, le pedí que pusiera la escena de la lucha de esgrima porque me había encantado. La cara de mi padre fue un poema. Se puso las gafas, localizó en el mando el botón de rebobinado y la cinta comenzó a hacer un ruido bestial. -¿Qué ocurre? -le pregunté asustada. -Se llaman cintas por algo. Dentro de la carcasa hay una cinta con la película impresa. Ahora está recogiéndose en uno de los carretes hasta que llegue al final o hasta que yo le de al stop cuando crea que he llegado a la parte que quiero. Me costó pillarlo porque llevaba t...

Capítulo 28: En el alambre

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Ando sobre un alambre muy fino, pero me mantengo. De lunes a jueves soy la perfecta estudiante, saco adelante la carrera, me esmero por sacar nota y dejo a mis padres contentos. El fin de semana salgo a ligar y a mi madre se le amarga el gesto porque siempre llego a deshoras y se piensa que me drogo. Ligar no se me da mal y mi fama comienza a precederme por lo que cada vez es más fácil. Coches, parques, baños, habitaciones compartidas… Ningún escenario se me resiste y me sorprendo a mi misma haciéndolo de mil maneras diferentes. Cual vampira, me alimento del poder de dar placer. Es adictivo y me eleva a los cielos. Pero todo tiene una cara b, una bajada a los infiernos. Conforme se acerca el viernes, se me pone un nudo en el pecho que aún no sé a qué se debe. Esta noche es viernes así que toca salir. Lo quiero fácil y lo quiero ya, así que empiezo a cruzar miradas con una chica que lleva falda. Es bajita, musculosa y con el rostro muy dulce. Ella ya sabe lo que quiero y...

Capítulo 27: De Oca a Oca

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Me he llevado algo de Vero después de acostarnos (además de sus apuntes de Opinión Pública). Algo que no sé exactamente qué es pero que hace que me sienta segura de mi misma y con ganas de más. A veces me sorprendo pensando en Mamen como algo lejano aunque no hayan pasado más que unas pocas semanas. También me he dado cuenta de que no recuerdo la cara de la chica del metro. Sólo su pelo largo, liso como una tabla y moreno. Esto me da más pena que lo de Mamen, la verdad, aunque estoy casi segura de que si la volviera a ver, sabría que es ella. Son como mis dos fantasmas que me siguen allá donde vaya. Aunque más que como fantasmas, las siento como losas, historias no cerradas que me inquietan por las noches y no me dejan dormir. Cuando vuelvo a la facultad algo ha cambiado. Algunas chicas y muchos chicos me miran con cierta envidia al pasar por su lado, me dan un un repaso y se dan codazos unos a otros. -¿Has contado lo nuestro? -le pregunto en un mensaje a Vero. -Sí, ¿hay...

Capítulo 26: El polvo del olvido

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Me da miedo olvidar a Mamen, pero más miedo me da engancharme a ella, a nuestro pasado, y no poder seguir adelante. Todo radica en que me cuesta pensar fríamente nuestra relación y tomar distancia. Todavía tengo pegado su olor a mi piel. Nunca pensé que mi cabeza fuera la que me obligara a tener sexo con otra persona aun cuando a mi cuerpo no le apetece. Pero Vero me lo pone muy fácil. Estoy bajo el umbral de su piso compartido. Lleva una blusa blanca pero no sujetador, por lo que se le transparentan los pezones. Trago saliva y le propongo salir a tomar algo antes, en plan cita, porque a mi no me gusta el sexo sin más. Se niega. -Esto es sexo sin más. Quiero que te quede claro antes de que te lances a hacer nada. -Ya, pero yo nunca he hecho el amor con alguien que no me atraiga como persona. Vero me mira de arriba a abajo con una ceja levantada. -Vamos a ver, además de Mamen, ¿te has acostado con alguien más? Me pongo roja de inmediato, desvío la mirada y miro al t...