Capítulo 36: De vuelta y vuelta



Mi tía está gimoteando bajo el umbral de la que ha sido mi habitación durante estos días. Mi tío le abraza por detrás intentando calmarla. Los dos me observan mientras hago la mochila.
Es muy, muy temprano. Casi de madrugada. El único autobús que sale por la mañana hacia Madrid lo hace para llegar a la capital en la hora punta.
-Vamos, tía, deja de llorar. Vas a conseguir que llore yo también.
-Es que has tardado 15 años en volver al pueblo y ahora te vas… -dice entre lágrimas.
Me acerco a ella y le acaricio los brazos.
-Volveré. Tengo que venir a por la moto.
-¡Ja! -salta mi tío. -Con el carné en regla. Si no, se queda aquí.
Le gruño divertida y vuelvo a la cama para cerrar la mochila.
-Vamos. Mañana empiezo las prácticas y no quiero perder el bus.
Me llevan a la parada. Allí la despedida se alarga hasta que nos llama la atención el chófer del autobús.
-Muchas gracias por todo. Sois los mejores tíos que tengo.
-¿Mejor que los de Barcelona? -pregunta mi tía.
-Mucho mejores.
Subo al autobús y nos pegamos un rato diciéndonos adiós con la mano. Tanto que, a lo que me doy cuenta, ya no les veo y el tío del asiento de al lado me está mirando raro.
Sopeso dos opciones: dormir o llorar. Como no me apetece llorar más, me pongo a dormir y a lo que me despierto ya veo el skyline de Madrid. Sonrío al ver las cuatro torres, erectas e imponentes. El sol recién salido destellea en sus cristales.
Al entrar en un túnel, la oscuridad hace reflejo en el cristal y me devuelve mi imagen. Tengo el pelo despeinado y la marca del jersey que he utilizado de almohada en la mejilla. Además, me huele un poco el alerón. Saco una toallita húmeda de limón y me la paso por las axilas. El frescor me pone la piel de gallina.
Me siento un poco desubicada en el intercambiador del metro pero tardo dos minutos en invocar a la Nico madrileña y logro moverme rápido entre la gente para sacar un billete y meterme al metro. El vagón está lleno, pero no agobia. Se nota que la gente ha empezado con sus turnos de vacaciones.
Tengo mariposas en el estómago. Estoy realmente emocionada por volver a Madrid. Me sudan las manos y no paro de sonreír.
-Estoy en el metro -le escribo a Raúl.
-Mierda -contesta. -Mi final está cerca.
-No lo dudes. Tengo que matarte un par de veces.
-Menos mal que estoy en la playa. ¡Fiu!

Miro la hora en el reloj del móvil. En quince minutos estaré en mi casa, me ducharé y me prepararé para mi primer día de prácticas. No son gran cosa, pero me hace ilusión. Es un paso para un nuevo comienzo.
Guardo el móvil, pero algo hace clic en mi cerebro y tengo que volver a sacarlo.
Es la hora.
Levanto la mirada. He entrado al metro como una autómata y ahora logro centrarme.
Es la línea. Y el sentido correcto.
Es la línea, en el sentido correcto y a la hora habitual en la que me solía encontrar con la chica del metro.
Mi corazón comienza a acelerarse.
-No lo hagas -me digo.
Pero me contradigo a mi misma y me pongo de pie.
-No-lo-hagas, Nico.
Mis pasos se dirigen hacia nuestro vagón, en la otra punta del tren.
-Para ya. Ahora mismo.
Sigo andando ignorándome a mi misma.
-Te ha costado mucho olvidarla. No la vas a encontrar. No insistas. No te hagas daño -mi mente habla muy deprisa, solapando una frase con otra, pero el significado es unívoco. No obstante, mi corazón me dice otra cosa y él es, al fin y al cabo, el que dispara la sangre, el que hace contraer los músculos y el que mueve los huesos que ahora están temblando.
Llego al vagón. A nuestro vagón, donde quedábamos todas las mañanas. Busco una melena. No busco su cara porque no me fío de poder reconocerla, pero su melena sí. Su melena es inconfundible y quiero perderme en ella.
-Ves, no está, Nico. Y además estás molestando a la gente con tu mochilón.
Pido disculpas.
-Por no decir que la última vez que buscaste una melena, encontraste la de Mamen.
Me pongo de puntillas para ver un poco más allá pero no aguanto mucho y bajo a la tierra derrotada porque no la veo.
-Tonta, tonta, tonta. Todo el trabajo se ha ido a la mierda.
Apoyo la frente en la puerta y me doy un par de golpes. Se me están encharcando los ojos.
-Supéralo, joder. Y haz tu vida de una puta vez.
Obedezco a mi voz interior y trato de recuperar la calma.
Una voz femenina interrumpe mi momento.
-¿Vienes o te vas? -pregunta.
Mi corazón vuelve a desbocarse. Levanto la vista y veo su reflejo en el cristal. No la conozco. Tiene el pelo moreno y corto. Un poco rebelde.
Me giro y empiezo a mirarla, a desfragmentar su cara: esos ojos, esa nariz, esa boca, esos labios… Cuando junto todos los pedazos en mi cabeza descubro que tengo ante mí a la chica del metro.
-No te había reconocido -es lo único que me sale y me sorprendo a mi misma hablándole con esa familiaridad.
-Ha pasado mucho tiempo -dice.
-Tu pelo…
Ella se acaricia la nuca y se sonroja. Su rostro se pone triste.
-Sí, ya. No es la melena de entonces -carraspea. -Se me cayó… -hace una pausa porque duda si continuar o no. -Por la quimio -dice finalmente.
El mundo se me cae al suelo y no sé ni cómo me sostengo en pie. Me siento estúpida y caprichosa. Una niña engreída que se ha quejado de vicio cuando la chica que tiene enfrente ha pasado por un cáncer.
No sé qué decir y ella tampoco se atreve a hablar. Nos quedamos un rato mirándonos en silencio. Quiero abrazarla pero no me atrevo por miedo a que se sienta invadida y, por qué no decirlo, a que le llegue el olor de mis axilas.
-¿Estás bien? -le pregunto.
-Sí -responde asintiendo con la cabeza. -Han sido unos meses difíciles, pero ya ha pasado todo -dice sonriendo. -Estoy muy feliz. Y ahora que te he vuelto a ver, más. Pensé que no volvería a ver a la chica del metro.
Ahora la que se sonroja soy yo.
-No, perdona, la chica del metro eres tú -le digo.
Las dos nos reímos. Cuando dejamos de hacerlo, volvemos a mirarnos fascinadas, como si viéramos nuestro reflejo en el espejo por primera vez.
-¿Puedo…? -me pregunta mientras alarga la mano.
No sé muy bien qué quiere, pero le digo que sí. Pienso decirle que sí a todo lo que me pida. Pone su mano a la altura de mi cara y extiende un par de dedos hasta que rozan mi mejilla y bajan por la mandíbula. No hay chispazo. Hay fuegos artificiales. Me pongo roja pero me da lo mismo porque ella está igual de colorada que yo.
La voz femenina de Metro de Madrid es muy dulce pero nos fastidia el momento para anunciar la siguiente parada.
-Tengo que bajarme -dice mientras retira lentamente la mano.
-Yo también -miento embobada.
-No es verdad. No cambies tus planes por mi. ¿Tienes que coger un bus o…?
-No, vengo del pueblo. Voy hacia casa.
Se me enciende una bombilla.
-Tengo una cosa que darte antes de que te marches.
Me quito la mochila y busco en un bolsillo mi cartera. Despego el velcro, saco un trozo de papel y se lo doy. Está viejo, arrugado y desgastado, pero conserva la misma ilusión con la que lo doblé aquella vez en la que me decidí a darle mi número de teléfono a la chica del metro.
-Nico -dice cuando lee el papel. -Curioso nombre para una chica.
-Es una larga historia.
-Te llamaré, Nico.
El tren para y las puertas se abren. La chica del metro sale al andén y me muestra cómo guarda el papel en un bolsillo de su pantalón.
-Yo me llamo Carla -dice.
-Encantada, Carla -le digo justo antes de que se cierren las puertas del tren.
Ella me dice adiós con la mano y una sonrisa preciosa en la boca. Su imagen desaparece cuando entramos en el túnel. Me giro y mi cara debe ser un poema de amor cursi y empalagoso porque un hombre me mira sonriente.
-Has ligado, eh.
-¿Lo has visto?
Él dice que sí con la cabeza y luego vuelve a su lectura.
Yo no paro de sonreír porque gracias a ese hombre certifico que la chica del metro existe más allá de mi imaginación.

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Comentarios

  1. Yo ya lo sabíiiiiia (léase con tonillo xD)

    Bien, Nico, bien. Y bien por la autora. Pero es que Nico, la pobre, se lo merece :D

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  2. joder! me he puesto a brincar ne la cama cuando lo leí esta mañana... luego recordé que yo no encontrado a mi chica del metro y se me paso la euforia... pero estoy contenta de que por fin se hayan encontrado, ya empezaba a dudar de su existencia y a creer que al final nos darías alguna alucinación metafórica.
    Ahora a esperar esa llamada, y que vaya para bien por favor! ya la pobre Nico lo merece, un poco de tranquilidad!

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    1. Me ha encantado tu reacción :D
      Veamos si llama o no la chica del metro...

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  3. Le ha faltado la prueba de la foto para enviársela al tío del pueblo.
    Saludo!!!!

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    Respuestas
    1. Jajaja. Mejor que se la presente en persona, ¿no?

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