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Capítulo 33: Escarpes

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Mis tíos del pueblo son… peculiares. Se suponía que tenían que venirme a buscar a la parada del autobús pero aquí no hay nadie y en el teléfono no contestan. -Los mato. Menos mal que me he cogido la mochila en lugar de la maleta porque me toca patear un par de kilómetros hasta llegar a su casa, los que separan la carretera del pueblo. Por el camino veo monte, naturaleza, oigo el río y los pajarillos y esas cosas que se supone que me tienen que desestresar pero que a la una de la tarde en pleno mes de junio como que no apetece. Antes de llegar al pueblo, el camino se estrecha y el monte se me echa encima. Sé que este pueblo está asentado en una falla y que este camino desaparecerá algún día bajo el desprendimiento del monte por el temblor de la tierra. Pero también sé que los lugareños quitarán las piedras y volverán a abrir el camino porque lo han hecho otras veces en el pasado. Eso si para entonces quedan personas viviendo aquí. Me recorre un escalofrío mientras camin...

Capítulo 24: Lo absurdo

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Creo que si me pongo a echar cuentas, me paso más horas en la cafetería de la facultad que en clase. La cafetería es un lugar de encuentro y de intercambio. De apuntes, principalmente. Y o he tenido que echar manos de esta red de apuntes porque he faltado algunas horas a clase por ir a casa de Mamen, pero es algo que no me gusta. Es un poco como la droga: te pueden decir que la mierda es buena pero como te salga mal, lo pagas en el examen. Me he prometido a mi misma centrarme un poco más y aprovechar estos días hasta que vuelva Mamen para organizarme lo que queda de curso. Pero no me lo van a poner fácil. -Hola, hermosa -saluda Raúl cuando alcanza la mesa en la que estoy sentada. -Hola. -¿Qué tal Londres? ¿Qué tal con Mamen? Resoplo y niego con la cabeza. -¿Qué ha ocurrido? -pregunta un poco alarmado. -Pues no estoy segura. Mamen ha estado rara. Un poco fría. Es decir, yo esperaba un finde de pasión y caricias y ella me recibe con un mapa lleno de lugares turísticos...

Capítulo 23: La chica de los tickets

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Por más que lo intento, no logro sacarme de la cabeza el fin de semana con Mamen. Dos días y medio en los que se han sucedido un montón de… cosas. Y toda esa rayada me lleva a hacer un repaso de mi vida los últimos tres, cuatro meses. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo me subí a esta montaña rusa? ¡Ah, sí! Me enamoré de una chica en el metro y luego la busqué, pero a quien me encontré fue a Mamen. O ella me encontró a mi, ya no estoy segura. La chica del metro… ¿qué será de ella? Ya no la he vuelto a ver. Ni en el metro ni por el ambiente. Ella fue quien lo empezó todo. Ella fue la chica de los tickets que me animó a comprar un viaje para esta apasionante montaña rusa. Me duele pensar en ella porque no sé qué pensar. Pero más me duele pensar en Mamen, en cómo me tiene pillada, para bien y para mal. Estoy muy enamorada de ella, pero, de alguna manera, sé que no es bueno que me pille por Mamen. Sabes cómo manejarme, lo sabe tan bien que parece que sabe que estoy rayada y m...

Capítulo 20: Madrid Londres

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(¡) Este capítulo contiene trazas de sexo. Manejar con cuidado. Manténgase alejado de los/as niños/as. Apenas hablo con mis padres y tengo muchas ganas de perderles de vista, aunque sólo sean unos días.  Durante la cena previa al viaje, mi madre me mira con el desagrado propio del que mira un mono babuino de culo pelado espulgando a otro. Tampoco ayuda que yo mastique la comida como si lo fuera. Mi padre no para de hablar sobre cosas de su curro. Cree que no le escuchamos y empieza a hablar de fútbol, a insultar a no sé qué entrenador. Sube el tono y habla de ahorcar a algún político. Finalmente, se harta de que le ignoremos y pega un golpe en la mesa del que se arrepiente al instante. -Bueno, ¿alguien me va a explicar qué pasa aquí? -pregunta con sosiego. Las dos le miramos como si él fuera el babuino de culo pelado. Me da mucha pena mi padre. Me da pena que nos separáramos en mi adolescencia. No es que me fuera de viaje ni nada por el estilo. Bueno, en sentido figura...

Capítulo 15: Calma chicha

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Es la 1:06 cuando miro la hora antes de entrar en casa. Es temprano para un sábado pero sé que mi madre me va a echar la bronca. Por lo que sea. Ya se inventará una excusa sobre la marcha. Que huelo a alcohol o que llevo malas pintas, por ejemplo. A pesar de eso, no me molesto en ser silenciosa al abrir la puerta. Nada de andar de puntillas. Nada de girar los pomos de las puertas despacito mientras pienso que tengo que poner aceite en las bisagras para que no chirríen tanto. La casa está en silencio. Paso por el baño y me quito el maquillaje. Desde que estoy con Mamen me maquillo. Antes sólo lo hacía para ocasiones especiales. Bien mirado, salir con Mamen es siempre una ocasión especial. Al salir del baño me topo con mi madre. Le saludo y quedo a la espera de sus comentarios. -¿Ya estás aquí? ¡Qué pronto! -me suelta. ¿Todas las madres tienen estos arrebatos esquizofrénicos o es sólo la mía? Ahora bien, ahora mal, ahora ni fú ni fa. Me dirijo a mi habitación cuando mi ...

Capítulo 14: Nostalgia

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(¡) Este capítulo contiene trazas de sexo. Manejar con cuidado. Manténgase alejado de los/as niños/as. Carolina no me ha mordido pero sí me ha dado un buen bocado de realidad. ¿Por qué estaría Mamen conmigo pudiendo estar con cualquier otra, incluso con Carolina? Ni soy especialmente atractiva, ni creo que sea sexy ni estoy segura de mi misma. Soy todo lo contrario a Carolina, aunque tampoco sé por qué me comparo con ella. Sigo ensimismada en mis pensamientos cuando un grito de Ali me saca de mi encierro. -¡Que nos piramos, joder! -¿Qué pasa? -le pregunto a Mamen. -Ali quiere irse de la fiesta porque está Carolina y no puede ni verla, por lo que sea, pero Laura se niega a que la flaca le marque la agenda. Le da igual quién esté en la fiesta, ella quiere divertirse. -¿La flaca? -Carolina. -¿Así le llaman? Mamen duda un momento. -Así le llamaba yo -dice al final. Siento una punzadita en el corazón, pero sé que no puedo reprocharle nada. Al final, Ali ...

Capítulo 13: El consejo

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El tiempo es elástico cuando estoy con Mamen. Lo que me parecen minutos, son horas pasadas en su cama, en su habitación. Lo que son días hasta verla, me parecen semanas, incluso meses, años o eones. A mi madre, sin embargo, siempre le parece que me paso demasiado tiempo fuera de casa e insiste en saber con quién ando. -Con gente de la Uni, mamá, que lo quieres saber todo. -¡Claro que lo quiero saber todo! Quiero saber si mi hija está con gente que no le meterá en problemas. No me escribes ni un mísero mensaje, no sé dónde vas, ni con quién, ni cuándo volverás, ni qué haces. -¿Quieres venirte conmigo de marcha o qué? -le grito de madrugada. -No me trates de estúpida, Nico, que te parto la cara. ¡Lo que me faltaba! Y no grites que se va a despertar tu padre. -Has empezado tú. Aguantamos las miradas llenas de furia unos segundos.

Capítulo 12: Grita

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(¡) Este capítulo contiene trazas de sexo. Manejar con cuidado. Manténgase alejado de los/as niños/as. Antes de meter la llave en la cerradura de su casa, Mamen me pregunta: -¿Preferías quedarte a tomar unas cañas? Levanto una ceja y respondo un escueto “No”. Mamen se ríe. Hay mucho ajetreo cuando entramos a su casa. Sus compañeros se están preparando para salir. Son dos. Mamen me los presenta. -Chicos, os presento a Nico. Nico, ella es Bea. Estudia un posgrado de arte y mitología griega y trabaja en un bar los fines de semana. Bea es corpulenta pero muy sexy. Tiene un pelo rojizo, supongo que teñido, y un piercing septum. Me planta dos besos con mucha energía. -De hecho, tengo que irme ya -dice instantes antes de salir por la puerta. Reconozco su voz. Es la que me respondió al telefonillo la segunda vez que vine a casa de Mamen, esa que me dijo que fuera a molestar a mi puta madre. -Hola, yo soy Sergio -dice el chico y se inclina para darme otros dos besos. Ser...

Capítulo 8: Bienvenida

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Llego a casa con el estómago vacío y la cabeza llena. Las escenas de esta noche me dan vueltas como una lavadora centrifugando. Pienso en cómo he llegado hasta aquí. Recuerdo a la chica del metro. ¡Cómo olvidarla! Abrió una puerta que no puedo cerrar por más que intente. Por ella acepté la propuesta de Raúl y fue a ella a quien vi en el bar, aunque luego resultara no ser la misma persona. Pero no es de ella de quien se trata, sino de «ella», de que es un ella y no un él. Y, ¿por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mi? Al cruzar el umbral de mi puerta veo ante mi a mi padre como una aparición: bosteza, luce una panza importante, tiene sus cuatro pelos despeinados y va en calzoncillos slips. -¿Ahora vienes? Te lo habrás pasado bien, ¿no? Hay algo en su tono que me hace pensar que sabe qué he hecho. Le gruño y voy al baño a lavarme la cara. Tengo un aspecto horrible: la trenza se me ha deshecho, tengo un poco de vómito en el jersey y me noto algo ojerosa. Dejo que el agua cor...

Capítulo 7: Punzadas en el estómago

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Psicosomatizo demasiado. Estoy cagada de miedo tras el beso. Literalmente. Y necesito ir al baño. -¿Estás bien, Nico? -me pregunta Mamen. Niego con la cabeza. -No, no me encuentro bien. Me duele el estómago. -Salgamos afuera. Sé que necesito aire fresco así que le hago caso. Veo a la mujer de la puerta que me sonríe con complicidad. No estoy para sororizar ahora mismo y lo ha debido notar. -No me vomites en la puerta, ¡eh! -me dice. Mamen me sujeta el cuerpo. Me duele tanto el estómago que camino doblada.

Capítulo 5: El bar Coyote (primera parte)

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Nunca me ha gustado arreglarme. Bueno, mejor dicho, nunca me ha gustado arreglarme para algo. Arreglarme para una boda. Pánico. Arreglarme para salir a un sitio pijo. Terror. Arreglarme para Nochevieja. Infarto de miocardio. Me gusta arreglarme, pero necesito pensar que es para alguien, no por algo.  Por eso, ahora estoy frente a mi armario abierto de par en par sin saber qué ponerme para salir a un bar de lesbianas (me muerdo el labio cada vez que lo digo, como intentando devolver esa palabra a la más profundo de mis entrañas). ¿Qué me pongo? ¿Cómo se supone que viste una lesbiana? Descubro que no tengo ninguna camisa a cuadros en mi raquítico ropero y me siento estúpida por caer en el tópico más básico.  Oigo que suena el portero automático. Debe ser Raúl. Sube por las escaleras y mi madre le abre la puerta de casa. Dos besos, halagos mutuos. A mi madre le cae muy bien Raúl.  -¿Estás yendo al gimnasio? Te veo como más fuerte, ¿no? -le pregunta mi madre....

Capítulo 4: La palabra L

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No la he vuelto a ver. Aquel día llegué con una sensación agridulce a la facultad. Por aquel arranque de valentía y lucha a contracorriente que me asaltó acabé llegando tarde a clase. Localicé a Raúl y me senté detrás de él porque era el único asiento libre que quedaba cerca de mi amigo. Mientras avanzaba por el pasillo de clase me miraba y movía la cabeza asintiendo para preguntarme qué tal había ido la cosa. Yo negué con la cabeza y me senté a su espalda. Cuando se acabó la clase se giró rápidamente y me preguntó. -¿Qué ha pasado?