Capítulo 5: El bar Coyote (primera parte)
Nunca me ha gustado arreglarme. Bueno, mejor dicho, nunca me ha gustado arreglarme para algo. Arreglarme para una boda. Pánico. Arreglarme para salir a un sitio pijo. Terror. Arreglarme para Nochevieja. Infarto de miocardio. Me gusta arreglarme, pero necesito pensar que es para alguien, no por algo. Por eso, ahora estoy frente a mi armario abierto de par en par sin saber qué ponerme para salir a un bar de lesbianas (me muerdo el labio cada vez que lo digo, como intentando devolver esa palabra a la más profundo de mis entrañas). ¿Qué me pongo? ¿Cómo se supone que viste una lesbiana? Descubro que no tengo ninguna camisa a cuadros en mi raquítico ropero y me siento estúpida por caer en el tópico más básico. Oigo que suena el portero automático. Debe ser Raúl. Sube por las escaleras y mi madre le abre la puerta de casa. Dos besos, halagos mutuos. A mi madre le cae muy bien Raúl. -¿Estás yendo al gimnasio? Te veo como más fuerte, ¿no? -le pregunta mi madre....