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Lucía

Llevaban toda la noche haciendo miraditas. Una estaba junto a la barra. Era rubia de melena larga. La otra, una morena de pelo corto, estaba unos pasos más lejos y las dos ignoraban a sus amigas para centrarse en la conquista de la otra. -¿Queréis algo, chicas? Voy a la barra -preguntó la morena a sus amigas. Ellas la miraron raro, como si fuera la primera vez que escuchaban esa frase salir de su boca. Negaron con la cabeza y la chica se dirigió hacia la barra.

Capítulo 35: Acuse de recibo

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Es extraña esta sensación, Mi pulgar está planeando sobre el icono del email, temblando. Si deslizo a la derecha, elimino el mensaje. Si pulso, lo abro. Dos “y si…” que me están matando. Mi mundo se bifurca en dos realidades posibles. ¿Podría vivir sin saber lo que dice Mamen? Y si lo abro, se abren a la vez más realidades dependiendo de lo que me haya escrito. -Venga, sé valiente por una vez en tu vida. Pulso el icono y abro el email. Mamen saluda con muchas exclamaciones. Raro. Nunca fue muy efusiva. Sabe que estoy en el pueblo. De cura de desintoxicación por el tema de la chica del metro. Puto Raúl y su campaña de exorcización. Pero no es eso de lo que quiere hablarme, sino de otra cosa: de que se ha vuelto a enamorar. “Bueno, enamorar no es la palabra, pero es un paso previo. Estoy pillada, vaya. Ya sé que no hace ni medio mes que me diste puerta, pero estoy muy ilusionada con Alexia. Así se llama. Quiero hacer las cosas bien con ella. Eso lo aprendí de ti. Quiero se...

Capítulo 34: Diarios y delirios

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Tratar de mensajearse con el móvil en este pueblo perdido de la mano de Dios es un acto de fe. Se corta la señal, los mensajes no salen o no acaban de llegar. Me pongo de los nervios así que he aprendido a perder esa comunicación inmediata. Vuelvo a mis años de la ouija y mando mensajes por la mañana a Raúl o a mis padres y dejo el móvil en casa hasta que llego a casa antes de que anochece. Entonces leo todo lo que me han ido poniendo a lo largo del día. Mis padres suelen ser escuetos, pero Raúl me escribe cada acontecimiento que le va pasando en forma de breves mensajes que conforman una especie de diario personal. Voy cogiendo soltura con la moto. No salgo mucho a la carretera porque con la suerte que tengo, me pillará la Guardia Civil y voy sin papeles. Hay un momento que me gusta especialmente cuando voy con la moto. Es una chorrada pero me parece mágico. Los tractores van y vuelven del campo recogiendo fardos de alfalfa para el ganado y por el camino dejan rastros de paji...

Capítulo 33: Escarpes

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Mis tíos del pueblo son… peculiares. Se suponía que tenían que venirme a buscar a la parada del autobús pero aquí no hay nadie y en el teléfono no contestan. -Los mato. Menos mal que me he cogido la mochila en lugar de la maleta porque me toca patear un par de kilómetros hasta llegar a su casa, los que separan la carretera del pueblo. Por el camino veo monte, naturaleza, oigo el río y los pajarillos y esas cosas que se supone que me tienen que desestresar pero que a la una de la tarde en pleno mes de junio como que no apetece. Antes de llegar al pueblo, el camino se estrecha y el monte se me echa encima. Sé que este pueblo está asentado en una falla y que este camino desaparecerá algún día bajo el desprendimiento del monte por el temblor de la tierra. Pero también sé que los lugareños quitarán las piedras y volverán a abrir el camino porque lo han hecho otras veces en el pasado. Eso si para entonces quedan personas viviendo aquí. Me recorre un escalofrío mientras camin...

Capítulo 30: ¿Y si fuera ella?

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Raúl lanza varios papeles al aire y nos caen encima lentamente. Son los apuntes de nuestro último examen. -¡Dios, pensé que no llegaría nunca este día! -grita al aire. Yo no estoy tan liberada. Sí, hemos acabado los exámenes, pero a mi me espera un verano muy aburrido. Sólo unas tristes prácticas en una emisora de radio de onda corta en pleno agosto. -Vente con nosotros a la playa! -No tengo pasta. Y ganas tampoco. -Vale, abuela. Estás de un coñazo últimamente... Molabas más cuando eras una folladora. Le miraría con odio pero no tengo ganas de discutir. Encojo los hombros y camino hacia el metro arrastrando los pies. -Oye, esta noche nos vamos de fiesta, ¿no? -me dice ilusionado. -Para celebrarlo. Resoplo. -Va, tía, desconecta un poco. Te has dejado los cuernos este mes estudiando, has sido como una monja de clausura y apenas te has relacionado con la gente. Te toca disfrutar. -¿Disfrutar el qué? ¿Otra noche donde la única diversión es beber alcohol en un bar...

Capítulo 29: Quizá

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Mi madre se interpone entre la puerta y yo mientras me mira de arriba abajo. -¿Pero otra vez vas a salir, hija? -Ay, mamá, no empieces -le respondo cansada. Intento esquivarla y ella tampoco me lo pone muy difícil. Cuando abro la puerta dice su última palabra. -Que sepas que no me gusta nada lo que haces. Una cosa es que seas… -se le queda atrapada en el paladar la palabra L, -y otra que pienses que puedes hacer lo que te da la gana. Mientras sigas viviendo en esta casa… Entorno los ojos al oír esa frase. Su casa, sus reglas. Nos sabemos el discurso de memoria. -Vamos, mamá, pero si estoy trayendo buenas notas. Mi madre refunfuña. Sabe que tengo razón, pero yo también sé que no puedo utilizar ese argumento para mi defensa. No es mi papel como estudiante lo que está en cuestión. -Es la última, lo prometo. Abro la puerta y me marcho. Corte a exterior. Puerta de la discoteca. Noche. Veo a las chicas hacer fila para entrar, como si fueran ganado para la marca. ...

Capítulo 28: En el alambre

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Ando sobre un alambre muy fino, pero me mantengo. De lunes a jueves soy la perfecta estudiante, saco adelante la carrera, me esmero por sacar nota y dejo a mis padres contentos. El fin de semana salgo a ligar y a mi madre se le amarga el gesto porque siempre llego a deshoras y se piensa que me drogo. Ligar no se me da mal y mi fama comienza a precederme por lo que cada vez es más fácil. Coches, parques, baños, habitaciones compartidas… Ningún escenario se me resiste y me sorprendo a mi misma haciéndolo de mil maneras diferentes. Cual vampira, me alimento del poder de dar placer. Es adictivo y me eleva a los cielos. Pero todo tiene una cara b, una bajada a los infiernos. Conforme se acerca el viernes, se me pone un nudo en el pecho que aún no sé a qué se debe. Esta noche es viernes así que toca salir. Lo quiero fácil y lo quiero ya, así que empiezo a cruzar miradas con una chica que lleva falda. Es bajita, musculosa y con el rostro muy dulce. Ella ya sabe lo que quiero y...

Capítulo 27: De Oca a Oca

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Me he llevado algo de Vero después de acostarnos (además de sus apuntes de Opinión Pública). Algo que no sé exactamente qué es pero que hace que me sienta segura de mi misma y con ganas de más. A veces me sorprendo pensando en Mamen como algo lejano aunque no hayan pasado más que unas pocas semanas. También me he dado cuenta de que no recuerdo la cara de la chica del metro. Sólo su pelo largo, liso como una tabla y moreno. Esto me da más pena que lo de Mamen, la verdad, aunque estoy casi segura de que si la volviera a ver, sabría que es ella. Son como mis dos fantasmas que me siguen allá donde vaya. Aunque más que como fantasmas, las siento como losas, historias no cerradas que me inquietan por las noches y no me dejan dormir. Cuando vuelvo a la facultad algo ha cambiado. Algunas chicas y muchos chicos me miran con cierta envidia al pasar por su lado, me dan un un repaso y se dan codazos unos a otros. -¿Has contado lo nuestro? -le pregunto en un mensaje a Vero. -Sí, ¿hay...

Capítulo 24: Lo absurdo

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Creo que si me pongo a echar cuentas, me paso más horas en la cafetería de la facultad que en clase. La cafetería es un lugar de encuentro y de intercambio. De apuntes, principalmente. Y o he tenido que echar manos de esta red de apuntes porque he faltado algunas horas a clase por ir a casa de Mamen, pero es algo que no me gusta. Es un poco como la droga: te pueden decir que la mierda es buena pero como te salga mal, lo pagas en el examen. Me he prometido a mi misma centrarme un poco más y aprovechar estos días hasta que vuelva Mamen para organizarme lo que queda de curso. Pero no me lo van a poner fácil. -Hola, hermosa -saluda Raúl cuando alcanza la mesa en la que estoy sentada. -Hola. -¿Qué tal Londres? ¿Qué tal con Mamen? Resoplo y niego con la cabeza. -¿Qué ha ocurrido? -pregunta un poco alarmado. -Pues no estoy segura. Mamen ha estado rara. Un poco fría. Es decir, yo esperaba un finde de pasión y caricias y ella me recibe con un mapa lleno de lugares turísticos...