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Capítulo 12: Grita

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(¡) Este capítulo contiene trazas de sexo. Manejar con cuidado. Manténgase alejado de los/as niños/as. Antes de meter la llave en la cerradura de su casa, Mamen me pregunta: -¿Preferías quedarte a tomar unas cañas? Levanto una ceja y respondo un escueto “No”. Mamen se ríe. Hay mucho ajetreo cuando entramos a su casa. Sus compañeros se están preparando para salir. Son dos. Mamen me los presenta. -Chicos, os presento a Nico. Nico, ella es Bea. Estudia un posgrado de arte y mitología griega y trabaja en un bar los fines de semana. Bea es corpulenta pero muy sexy. Tiene un pelo rojizo, supongo que teñido, y un piercing septum. Me planta dos besos con mucha energía. -De hecho, tengo que irme ya -dice instantes antes de salir por la puerta. Reconozco su voz. Es la que me respondió al telefonillo la segunda vez que vine a casa de Mamen, esa que me dijo que fuera a molestar a mi puta madre. -Hola, yo soy Sergio -dice el chico y se inclina para darme otros dos besos. Ser...

Capítulo 10: Agradecida y emocionada

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Estoy en mi cama, recién duchada y con el pelo seco ya. Me siento limpia y estoy agotada al tiempo que me invade una nueva sensación de reconciliación conmigo misma. Asoma una pequeña duda cuando me viene a la mente la cara de mi madre cuando llegué. Sacudo la cabeza y me hago una bolita en la cama. Recuerdo los besos y caricias de Mamen y me invade una sensación cálida que nunca antes había experimentado. Prohibido enamorarse, Nico. No seas tan niñata de enamorarte por un polvo, por una primera vez, por una primera chica. Pero, uf, qué chica, qué polvo y qué primera vez. Mientras me relamo en el recuerdo de los detalles de mi noche con Mamen pienso que si no morí de placer, tampoco lo haré por mandar un mensaje.

Capítulo 9: Derribando puentes

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(¡) Este capítulo contiene trazas de sexo. Manejar con cuidado. Manténgase alejado de los/as niños/as. Se nota que no es la primera vez que Mamen lo hace con una chica que nunca ha tenido sexo lésbico. Es muy atenta y cariñosa. Le estoy esperando sentada en su cama. Ella ha ido a por un poco de agua para mi. Aprovecha su paso por el salón para comentarle a sus compañeros de piso que tiene compañía. Oigo que le dicen algo en tono burlón. Cuando vuelve a la habitación trae una botella llena de agua, un vaso y una sonrisa preciosa. -Hola -dice mientras llena el vaso. -Hola -le respondo sonriendo. Me lo da y me lo bebo de un trago. Tengo la boca seca pero, contra todo pronóstico, no tengo ganas de ir al baño. Es la misma iluminación que la primera vez, aquella en la que salí huyendo. El mismo dorado de su piel, el mismo vello erizado de los brazos. -¿Me perdonas? -le pregunto. -¿Por qué? ¿Por asaltarme por la calle? -dice riendo. -No... -me pongo roja al recordarlo...

Capítulo 8: Bienvenida

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Llego a casa con el estómago vacío y la cabeza llena. Las escenas de esta noche me dan vueltas como una lavadora centrifugando. Pienso en cómo he llegado hasta aquí. Recuerdo a la chica del metro. ¡Cómo olvidarla! Abrió una puerta que no puedo cerrar por más que intente. Por ella acepté la propuesta de Raúl y fue a ella a quien vi en el bar, aunque luego resultara no ser la misma persona. Pero no es de ella de quien se trata, sino de «ella», de que es un ella y no un él. Y, ¿por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mi? Al cruzar el umbral de mi puerta veo ante mi a mi padre como una aparición: bosteza, luce una panza importante, tiene sus cuatro pelos despeinados y va en calzoncillos slips. -¿Ahora vienes? Te lo habrás pasado bien, ¿no? Hay algo en su tono que me hace pensar que sabe qué he hecho. Le gruño y voy al baño a lavarme la cara. Tengo un aspecto horrible: la trenza se me ha deshecho, tengo un poco de vómito en el jersey y me noto algo ojerosa. Dejo que el agua cor...

Capítulo 7: Punzadas en el estómago

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Psicosomatizo demasiado. Estoy cagada de miedo tras el beso. Literalmente. Y necesito ir al baño. -¿Estás bien, Nico? -me pregunta Mamen. Niego con la cabeza. -No, no me encuentro bien. Me duele el estómago. -Salgamos afuera. Sé que necesito aire fresco así que le hago caso. Veo a la mujer de la puerta que me sonríe con complicidad. No estoy para sororizar ahora mismo y lo ha debido notar. -No me vomites en la puerta, ¡eh! -me dice. Mamen me sujeta el cuerpo. Me duele tanto el estómago que camino doblada.

Capítulo 6: El bar Coyote (segunda parte)

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-Raúl, me meo. Acompáñame al baño -le pido a mi amigo. Raúl está bailando como un descosido a ritmo de Mónica Naranjo mientras a mi me duele la vejiga. -¿También quieres que te baje las bragas para que hagas pipí? Le miro con odio. -Tienes que empezar a dar pasos tú sola. Empieza por los que van de aquí al baño. -Pero... ¿y si me habla alguna chica? -¡Pues le hablas tú también! No tengas miedo, no te van a violar. Cojo aire hasta que llena mis carrillos y lo expulso con violencia. Qué manta de hostias le metería a Raúl alguna vez.

Capítulo 5: El bar Coyote (primera parte)

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Nunca me ha gustado arreglarme. Bueno, mejor dicho, nunca me ha gustado arreglarme para algo. Arreglarme para una boda. Pánico. Arreglarme para salir a un sitio pijo. Terror. Arreglarme para Nochevieja. Infarto de miocardio. Me gusta arreglarme, pero necesito pensar que es para alguien, no por algo.  Por eso, ahora estoy frente a mi armario abierto de par en par sin saber qué ponerme para salir a un bar de lesbianas (me muerdo el labio cada vez que lo digo, como intentando devolver esa palabra a la más profundo de mis entrañas). ¿Qué me pongo? ¿Cómo se supone que viste una lesbiana? Descubro que no tengo ninguna camisa a cuadros en mi raquítico ropero y me siento estúpida por caer en el tópico más básico.  Oigo que suena el portero automático. Debe ser Raúl. Sube por las escaleras y mi madre le abre la puerta de casa. Dos besos, halagos mutuos. A mi madre le cae muy bien Raúl.  -¿Estás yendo al gimnasio? Te veo como más fuerte, ¿no? -le pregunta mi madre....